Samuel Montoya fue uno de los miles de ciudadanos que se aprestaron a ayudar a las víctimas del devastador terremoto de magnitud 7,4 que sacudió el occidente de Colombia el pasado 10 de agosto.
No obstante, aunque la atención de la mayoría de las personas está concentrada en la tragedia, hay quien aprovecha la conmoción para delinquir. A Samuel le hurtaron su motocicleta y solo reparó en ello al amanecer de este miércoles, cuando, tras concluir su jornada como rescatista voluntario de personas que permanecen tapiadas bajo los escombros en la ciudad de Pereira, descubrió con pesar que el vehículo había desaparecido del lugar donde lo dejó aparcado.
«Llevo desde el lunes trabajando, ayudando a rescatar personas y me concentré mucho hoy en rescatar a una persona que está atrapada bajo los cimientos [de una edificación colapsada]. Cuando amaneció y pasó todo lo que tenía que pasar, que hicimos lo posible, vengo a buscar mi moto y no está«, relató Montoya a medios locales.
El joven expresó angustia por desconocer el paradero del que, dijo, es también su medio de transporte y sustento, al tiempo que calificó de «muy deshonesto que a alguien que está tratando de ayudar a los demás, le hagan eso». En ese contexto, aprovechó la oportunidad para pedirle ayuda a la población para localizar su vehículo.
«Eso no se le hace a alguien que está tratando de ayudar a las personas damnificadas que, en este momento, verdaderamente lo están necesitando», completó.
Según el más reciente parte oficial, el potente sismo ha dejado al menos 241 víctimas fatales, además de 3.755 personas heridas y 287 desaparecidas, y numerosos daños en infraestructuras, particularmente en viviendas y edificaciones. Junto a Cali, Pereira registra la mayor cantidad de decesos y de personas atrapadas bajo los escombros.
Mientras, el presidente Abelardo de la Espriella decretó la situación de desastre nacional, en medio de críticas por la negativa de Bogotá a recibir rescatistas de otros países, excepción hecha de Israel, Ecuador, EE.UU. y El Salvador.






