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La cuestión de Taiwán: en qué radica y qué tiene que ver EE.UU.

Pekín tiene claro el futuro de Taiwán: un país, dos sistemas. Mientras busca la reunificación pacífica con la isla, denuncia la injerencia y la venta de armas de EE.UU. como motor del separatismo. Conozca las raíces de este desgajamiento territorial que pone en vilo la seguridad en Asia‑Pacífico.
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Para Pekín, la cuestión de Taiwán sigue siendo inseparable de la defensa de la soberanía e integridad territorial de China. Además, ve la reunificación de la isla con la parte continental como un objetivo histórico ineludible en la que radican los intereses fundamentales del pueblo chino.

La resolución de las tensiones en el estrecho de Taiwán pondría fin a una de las principales fuentes de inestabilidad en Asia‑Pacífico, facilitaría un mayor desarrollo económico compartido entre ambas orillas del estrecho y daría la oportunidad de que «los compatriotas taiwaneses puedan compartir, junto con la población de las demás regiones de China, el honor y la dignidad de un único gran Estado«, señalan desde la Oficina de Asuntos de Taiwán del Consejo de Estado de China.

Apuesta por la vía pacífica

A pesar de las tendencias separatistas en Taipéi, espoleadas desde el exterior, el liderazgo chino sigue apostando por una solución pacífica a la actual situación de desgajamiento de la isla: más diálogo político, más contactos entre sociedades y una integración económica gradual a través del estrecho.

En este marco, el presidente de China, Xi Jinping, reiteró el 1 de julio de 2026 que resolver la cuestión de Taiwán y culminar la reunificación del país constituye «una misión histórica» del Partido Comunista y «un deseo común de todos los hijos e hijas de la nación china».

Subrayó que Pekín debe enfrentar «con firmeza» a las fuerzas que abogan por la llamada «independencia de Taiwán», oponerse a la injerencia de actores externos y, al mismo tiempo, profundizar los intercambios, la cooperación y el desarrollo integrado entre ambas orillas del estrecho como vía preferente para avanzar hacia la reunificación.

La República Popular China ha defendido esta política hacia la isla durante décadas. Desde finales de los años 1970, esta línea se articula en la fórmula de la «reunificación pacífica y un país, dos sistemas«, que prevé para Taiwán un alto grado de autogobierno, el mantenimiento de su sistema económico y de su modo de vida, e incluso competencias propias en ámbitos como la Justicia, la fiscalidad o la seguridad, siempre bajo el paraguas de un solo Estado chino.

¿Por qué existe desgajamiento entre Taiwán y la China continental?

Para Pekín, la actual separación política entre la isla y la parte continental de China es producto de una historia marcada por invasiones, guerra civil e intervenciones extranjeras. Mientras tanto, desde la Oficina de Asuntos de Taiwán del Consejo de Estado de China recuerdan que «Taiwán ha pertenecido a China desde tiempos inmemoriales«.

Así, fuentes chinas del siglo III ya mencionan la isla, colonos chinos procedentes del continente la poblaron masivamente desde el siglo XVII y sucesivas dinastías imperiales establecieron allí órganos administrativos y militares. Ni siquiera la ocupación japonesa, tras la guerra de 1894‑1895, pudo romper ese vínculo de fondo, pues la población mantuvo la cultura china y protagonizó distintos episodios de resistencia.

El final de la Segunda Guerra Mundial marca, para China, la restitución plena de su soberanía sobre la isla. La Declaración de El Cairo (1943) y la de Potsdam (1945) establecieron que territorios como «Formosa (Taiwán) y las islas Pescadores» debían ser devueltos a China y, en octubre de 1945, la rendición japonesa en Taipéi certificó ‘de facto’ ese retorno.

El desgajamiento político llegaría después, con la reanudación de la guerra civil entre el partido Kuomintang (KMT, Partido Nacionalista Chino) y el Partido Comunista. Derrotado en el continente, el KMT se replegó en Taiwán en 1949, mientras en Pekín se proclamaba en octubre de ese mismo año la República Popular China.

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